¿Por qué sube el oro?

Juan B. Justo (1865-1928) / Escritos y conferencias

¿Por qué sube el oro?

Para hacer bajar los salarios

Artículo publicado en La Vanguardia n° 1, Buenos Aires, 7 de abril de 1894, pp. 1-2. 

La situación económica de la República Argentina es desesperante actualmente.

El sabio economista oficial a sueldo de la burguesía, sostiene que estamos en una crisis, pero que ésta será pasajera y pronto habrá concluido.

Nosotros decimos, al contrario, que estamos en plena catástrofe, en una verdadera revolución económica, en la crisis permanente, en la crisis universal que arrastra irresistiblemente a todas las naciones civilizadas a la próxima Revolución social y al fin de la sociedad burguesa y del capitalismo. 

De unos diez años acá, los precios de todos los artículos y de todas las mercancías han sufrido en el mundo entero extraordinarias reducciones, porque los métodos de producción se han perfeccionado de un modo jamás visto. La productividad del trabajo humano ha aumentado en los últimos años de tal manera, que en el mismo tiempo el hombre produce hoy el doble, el triple y aun el quíntuplo de mercancías que antes.

Pero los capitalistas que dirijen la producción no la subordinan racionalmente a la demanda o a las necesidades del consumo, sino consideran meramente el tipo de beneficio, o el lucro que ellos individualmente pueden sacar del trabajo de sus obreros, y obedeciendo a la ley inflexible de la libre competencia, abaratan de día en día más los precios de las mercaderías.

Así, tenemos que los productos argentinos de cuya explotación depende la riqueza nacional y la existencia del país, se pagan en el mercado universal a precios tan bajos, que su producción ya no dejaría beneficios ni ganancias a los capitalistas, si ellos no tuvieran medios indirectos de asegurarse esas ganancias. Nuestros trigos han bajado de 22 francos a 14 los 100 kilos, y las lanas han bajado un 53 %, y aún aceptando nuestros estancieros y colonos tan bajos precios, no hallan compradores, pues otros paises, sobre todo Australia, India y Norte-América, ofrecen lanas y trigos a precios más bajos todavía, que reducen sin cesar más y más continuamente.

Los estancieros y colonos argentinos comprenden perfectamente que para ellos no hay más remedio ni salvación que producir más barato.

Pero se resisten a mejorar sus métodos de producción empleando para ésta mejores animales de cría, mejores máquinas, etc., porque tal perfeccionamiento les obligaría a invertir más capital (constante) en el proceso de producción; y se empeñan en conseguir productos más baratos por medio de la depresión de los salarios, pagando menores jornales, haciendo de sus trabajadores las víctimas de la funesta competencia internacional capitalista.

Para hacer, pues, que la clase trabajadora pague las pérdidas de la producción mal dirijida, y al mismo tiempo, ocultar a los trabajadores este hecho y no hacerles conocer la baja que relamente experimentan los salarios, para que no vaya a reducirse más todavía la inmigración de obreros explotables, los estancieros y grandes hacendados hacen subir el oro.

El oro está ahora al tipo de 350 arriba y pronto habrá llegado a 400.

O lo que es lo mismo: el peso moneda nacional con que se paga a los trabajadores sus salarios y que vale nominalmente 5 francos, pierde más y más su valor. Con el oro a 200, el peso moneda nacional no vale más que 2,50 francos, con el oro a 300 vale 1,66 francos y con el oro a 400 no valdrá el peso más que 1,25 francos.

En el exterior y en el comercio internacional se siente inmediatamente en los precios de las mercancías el cambio en el valor del papel moneda. Eso se comprende. Pero en el interior del país las consecuencias de la mayor depreciación del papel moneda no se perciben tan pronto, sino después de algún tiempo, porque, en el país mismo el peso vale legalmente, ayer como hoy, como mañana, un peso no más.

De este modo, pues, cuando el oro sube dé 300 a 400, o lo que es lo mismo, cuando el papel baja del valor de 1,66 francos a 1,25 francos, el trabajador en la República Argentina no se apercibe en el acto que por cada peso de salario que su patrón le paga, éste le quita 41 céntimos de franco. Él acepta, hoy como ayer, el peso por un peso, y así le hacen lo mismo el panadero que le vende el pan; el zapatero que le vende un par de botas, etc.

El patrón, empero, gana realmente los 41 céntimos en cada peso de salario que paga al obrero. Él manda el producto al exterior, donde le pagan su valor en oro, cambia este oro a papel al precio de plaza y vuelve a pagar a los trabajadores sus salarios con este papel despreciado, ganando nuevamente 0,41 francos por cada peso que paga por salarios, siguiendo esta operación continuamente, defraudando pues al obrero a favor de su bolsillo propio.

El precio de todas las mercancías sube cuando sube el oro y baja cuando baja este. Esta diferencia de los precios se siente inmediatamente cuando pagamos las mercancías importadas del extranjero, que pagamos a oro, pero en los precios de los artículos producidos en el país mismo se siente la depreciación del papel moneda recién después de algún tiempo, y en los salarios la baja del valor del papel moneda se hace sentir mucho más tarde todavía.

Fácilmente, pues, se comprende cuán inmensas ganancias embolsan los productores, los estancieros y colonos, del trabajo de sus peones y obreros. Cuando éstos al fin se aperciben de que sus salarios en realidad han bajadó de 41 céntimos (= 8 centavos oro = 28 centavos papel por cada peso, o sea el 28 %) el patrón se ha ganado este 28 % desde tiempo atrás y se ríe a carcajadas de la ignorancia de los trabajadores.

Nuestra ignorancia, compañeros…! Todos los males nos vienen de la maldita ignorancia!

Los estancieros, colonos y terratenientes en general, ganan todavía de otro modo por la depreciación del papel moneda, pues cuanto menos vale el papel, tanto más vale la tierra que con él se compra. El estanciero que contrajo una deuda cuando el oro estaba a 300, pagando 100 pesos papel (=35 $ oro) de interés por ella, paga estos 100 pesos papel de interés, con el oro a 400, con solamente 25 $ oro, ganándose, pues, el 8%.

Los estancieros que deben más de 400 millones de pesos a los Bancos hipotecarios se han ganado, pues, desde el año 1888 en que el oro estaba a 130, o sea el peso papel a 2,60 francos, unos 540 millones de francos, a más de ganarse 1.35 francos (= 0.27 $ oro = 0.60 $ papel) en cada peso que han pagado de salarios a sus trabajadores, a quienes han defraudado y robado ese dinero.

Los estancieros, colonos y grandes propietarios, pues, ganan inauditamente, y embolsan sumas extraordinarias con la suba del oro,—sumas que roban del salario de los trabajadores y obreros.

El día en que todos los trabajadores sepan y comprendan eso y no quieran ser robados más, cesará esta infame picardía de la suba del oro. Pero antes no.

El socialismo quiere instruir a todos aquellos que trabajan y son explotados, para emanciparlos de la esclavitud capitalista en que yacen actualmente.

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