Carta de Londres a Madrid (12/11/1887)

Publicada en El Socialista n° 91, Madrid, 2 diciembre 1887.

Londres, 12 de noviembre de 1887.

Toda la prensa se ocupa de las manifestaciones de los obreros sin trabajo. Esas manifestaciones, que datan del mes de octubre, se llevaban a cabo al principio con la mayor tranquilidad. Pero he aquí que la policía quiso entrometerse y sobrevinieron desórdenes. Por el momento, los obreros parados luchan principalmente por el derecho de reunión al aire libre, derecho que la ley garantiza a todos los ingleses.

Pero lo que no han dejado de reclamar exclusivamente ha sido trabajo que les impida morir de hambre. Según declaración de los periódicos más burgueses, la miseria, que se encona aquí, es terrible y aumenta diariamente con la llegada del invierno.

La miseria y sólo la miseria es la que ha motivado el movimiento. En octubre, algunos de los más hambrientos se procuraron una bandera negra, en la que escribieron: «Trabajo o pan», y tras ella recorrieron las calles. Otros se unieron al creciente cortejo, que llegó por último a Trafalgar-Square. Decidióse allí el reunirse todos los días hasta que fuese remediada su espantosa situación. Tal es el origen de esas manifestaciones, desfiguradas a porfía por la prensa extranjera; los socialistas no intervinieron absolutamente en nada.

Después, sí, juzgando favorable la ocasión para hacer propaganda, se han mezclado en las manifestaciones para dirigirlas. Pero no son ellos solos. También han intervenido los socialistas cristianos en la persona de su jefe el pastor Headlam; después la Liga para la nacionalización del suelo, que también ha enviado una Comisión a la plaza de Trafalgar para explicar a nuestros hambrientos que ninguna solución será posible en tanto la tierra no esté apropiada individualmente.

Los primeros días la policía se mantuvo alejada; mas poco a poco empezó a cambiar de táctica porque a los ricos habitantes de West-End parecíales desagradable, no que los obreros muriesen de hambre, sino que mostrasen públicamente su miseria. Y para complacer a sus patronos, la policía partió en son de guerra contra los obreros y contra la ley.

Véase lo que dice un diario conservador, el Echo, en una edición especial del 19 de octubre, a propósito de las demostraciones de la fuerza pública: «La muchedumbre de los obreros sin trabajo está siempre tranquila, y sólo la policía —de a pie y de a caballo— se muestra provocadora y agresiva. La policía de a pie ataca con los rompecabezas, y la de a caballo atropella con sus monturas a cuantos coge delante. Los procedimientos de la policía son más que brutales; sin embargo, la muchedumbre no da pretexto alguno para tan bestiales ataques.»

Como es natural, la muchedumbre, aunque extenuada por largos ayunos forzosos, no siempre se deja maltratar, y prodúcense tumultos, seguidos de arrestos. Así han sido «asaltados» dos de los oradores más oídos, uno de ellos nuestro amigo el conocido socialista Allman.

Por lo demás, ese salvajismo policiaco no logra sino sobreexcitar la agitación de los obreros, al mismo tiempo que aumenta la simpatía hacia los desgraciados cuyo crimen consiste en no querer morirse de inanición en un rincón oscuro sin perturbar la digestión de los satisfechos.

Ya he hablado antes de la Land restauration League y sus delegados cerca de los obreros sin trabajo. Tengo que añadir otro delegado, de la Organización de las mujeres inglesas, que se llama Ana Besant. Esta valiente ciudadana es una de las oradoras más conocidas del Reino Unido. A pesar de una lluvia torrencial, ha tomado la palabra y arengado a la muchedumbre, excitándola a no desmayar, a perseverar en sus reivindicaciones hasta que se haga lo que es justo, «si no por humanidad, al menos por pudor». Al mismo tiempo ha explicado cómo la restitución de la tierra sola a la sociedad no bastaría; y que para concluir con la miseria la nacionalización debía extenderse a todo. Besant ha terminado anunciando que sus amigos recogían fondos para socorrer a las familias de los detenidos y costear los gastos de los procesos.

A su vez, los órganos de la conservación social, furiosos de ver que la opinión pública se vuelve contra ellos y acude a sus víctimas, descubren sus cartas. Lo que necesitan es el aniquilamiento de los obreros, aun costa de un golpe de Estado.

El Standard escribe con todas sus letras: «El público no vería con malos ojos una violación de la ley siempre que el insoportable mal (las manifestaciones de los hambrientos) pudiera ser radicalmente suprimido.»

Véase a qué extremo ha llegado la liberal Inglaterra.

El domingo tendrá lugar en Trafalgar-Square el gran meeting organizado por la Democratic-Federation y la Socialist League.— A. Bird.

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