Carta de París a Madrid (13/6/1886)

Publicada en El Socialista n° 15, Madrid, 18 de junio de 1886, pp. 2-3.

CARTA DE FRANCIA

París, 13 de Junio de 1886.

La huelga de Decazeville ha terminado al cabo de 108 días de lucha heroica contra una de las poderosas agrupaciones de la clase capitalista, contra la Sociedad de minas y fundiciones del Aveyrón.

Y ha terminado con el triunfo de los heroicos huelguistas.

Es la primera vez que una huelga de esta naturaleza ha dado la victoria a los esclavos de la mina. Hasta ahora las huelgas de los mineros habían terminado de una manera uniforme. Al cabo de cierto número de días las suscripciones iban disminuyendo, los recursos faltaban y los huelguistas, reducidos a la más completa miseria, se veían obligados a volver a los pozos humildemente, escondiéndose el rostro, temblando de ser despedidos al día siguiente.

Esta vez la Compañía ha cedido a las justas peticiones de los obreros, aumentando el precio del carro de carbón, pagando el maderaje aparto y ofreciendo disminuir las horas de trabajo.

¿A qué se debe tan importante e inesperado triunfo?

A dos causas principales. La primera de todas, la solidaridad obrera, que no ha flaqueado ni un momento, que desde el primero hasta el último día ha proporcionado a los combatientes los medios de resistir, siquiera fuese a costa de grandes sacrificios de una y otra parte.

Segunda: la admirable actitud de nuestros amigos en el Parlamento, en la prensa y en las reuniones públicas. Es indisputable que lo que ha precipitado este desenlace de la crisis, que nadie esperaba, por lo menos en tan breve término, han sido las revelaciones de la Prensa y de los oradores socialistas sobre los planes homicidas y maquiavélicos de la Administración de la Compañía minera. Fundándose en los datos oficiales expuestos desde la tribuna por el ingeniero del Gobierno y diputado de la mayoría M. Laur, acerca de los beneficios, recursos y porvenir de la Sociedad de las minas y fundiciones del Aveyrón, nuestros amigos han demostrado de una manera irrefutable que el plan de los directores de la Compañía, al prolongar indefinidamente la huelga, negándose en absoluto a toda clase de arreglo, no era otro que hacer creer a los accionistas que la Compañía estaba arruinada y producir de este modo una baja en las acciones, que caerían así a vil precio entre las garras de esa banda de cuervos—Rothschild y consortes—que se proponen absorber, y absorberán un día, cual pompa viviente, toda la riqueza social, los cuales se habrían hecho dueños fácilmente de los riquísimos criaderos del Aveyrón. Robo de los robos, doble explotación—de una parte el trabajador y de la otra el accionista o burgués incauto—comida a dos carrillos, que la moral burguesa califica de negocio lícito, de jugada de Bolsa.

Esto no obstante, las revelaciones de nuestros amigos han causado entre los accionistas, que se veían amenazados de una ruina cierta, la inquietud que era de esperar. El Consejo de Administración de la Compañía minera, cuya mayoría era opuesta a toda transacción, se ha visto en la necesidad de mudar de rumbo, y habiendo presentado la dimisión sus tres miembros principales, León Say, Raoul Duval y Deseilligny, el Consejo ha podido entablar negociaciones con los huelguistas y acordar las concesiones que más arriba he registrado.

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Para examinar estas concesiones, tuvo lugar ayer en Decazeville una reunión general de huelguistas, bajo la presidencia del delegado Carrié.

Basly fue el primero que usó de la palabra. Recordó las peripecias de la lucha empeñada entre los mineros y la Compañía, apreció las diferentes tentativas de arbitraje y terminó diciendo:

«Creedme; vuestra victoria es la primera que han alcanzado los mineros de Francia. Yo he sido huelguista desde la edad de trece años; desde entonces he visto muchas huelgas de mineros, y jamás las Compañías habían capitulado. Hoy, no son únicamente los administradores de la Compañía los que capitulan, sino que son también los que tienen en sus manos la mitad de la fortuna de la Francia. Son los Rothschild, los Audriffret-Pasquier, los León Say y otros, los que se ven obligados a rendirse.

«Vuestra victoria es todavía más importante desde el punto de vista moral que desde el material, puesto que habéis echado los cimientos de la unión entre todos los mineros franceses, con quienes de hoy en adelante marcharéis unidos.

«Quedáis igualmente ligados por los lazos de la fraternidad y de la solidaridad con ese Partido Socialista que tanto ha hecho por vosotros.

«Así es que, cuando volváis a la mina, pensaréis en los que se han sacrificado por vosotros, no olvidaréis a vuestros delegados, a los que la Compañía no querrá recibir.

«El excedente de la Caja de la huelga asciende a 8.475 francos. Con ese dinero aliviaremos las miserias inmediatas de las víctimas de esta gran lucha del trabajo.

«Hay que pensar asimismo en las familias de los presos: mujeres y niños que debéis adoptar, sostener, ayudar a vivir. Yo, por mi parte, cumpliré con mi deber, en unión de los periódicos socialistas y de mis colegas del grupo obrero, acudiendo al socorro de esas víctimas de la Compañía y de la magistratura.»

Este discurso fue interrumpido muchas veces por salvas de aplausos.

Basly leyó en seguida el cartel de la Compañía, que dice así:

«El Consejo de Administración de la Sociedad de las minas y fundiciones del Aveyrón en sesión del 10 del actual, ha decidido que, a contar desde el 1.° de junio, el carro de carbón grueso será pagado a 2 francos y el de carbón menudo a 75 céntimos, y el maderaje, marco completo, 75 céntimos.

Por el Consejo de Administración, Petitjean

Basly puso a votación la orden del día siguiente:

«Los obreros mineros de Decazeville, Combes y Firmy, reunidos en asamblea general el sábado 12 de junio, declaran que aceptan por lo pronto las condiciones propuestas por la Sociedad de las minas y fundición del Aveyrón, en su cartel expuesto en el mismo día.

«Y deciden que volverán todos a trabajar el lunes 14 de junio.»

Esta orden del día fue votada por unanimidad.

Una segunda orden del día obtuvo la misma unanimidad. Hela aquí:

«Los mineros de Decazeville, Combes y Firmy, en su reunión general celebrada en Decazeville el sábado 12 de junio, protestan una vez más:

«Contra el abuso que han hecho de la ley imperial de 1804 sobre las coaliciones los jueces de la República burguesa;

«Contra las condenas inicuas que han sido el resultado de este abuso;

«Contra la intervención de los poderes públicos en favor de los explotadores de la clase obrera;

«Felicitan a los diputados obreros que han propuesto la derogación del artículo 414 del Código penal,

«Y exigen del Gobierno que ponga inmediatamente en libertad a los valientes defensores de los obreros Duc-Quercy, Roche y Soubrié.»

Levantóse la sesión en medio de las aclamaciones entusiastas de la asamblea. Por todas partes resonaban los gritos de ¡viva Basly! ¡vivan los socialistas! ¡viva la Revolución social!

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Esta humillación de los potentados de la banca reclamaba un desquite, y el Gobierno de la República burguesa no podía negar favor tan nimio a los poderosos Rothschild, Say y consortes.

En su consecuencia, nuestros amigos Julio Guesde, Pablo Lafargue y el ciudadano Susini fueron citados anteayer a comparecer ante los tribunales por haber proclamado en el último meeting del Chateau d’Eau esta verdad inconcusa: «Mientras Rothschild no estuviera en Mazas (cárcel pública) no habría república en Francia».

El Gobierno, que acaba de obtener de la Cámara de diputados el voto de su proposición acerca de la famosa cuestión de la expulsión de los individuos de familias reales, trata, sin embargo, con miramientos y consideraciones infinitas a los príncipes de la familia de Orleans. Ya se verá cómo sin miramientos ni consideración de ningún género hará que sus tribunales condenen a nuestros amigos.

Esto se llama la ponderación gubernamental.

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