EE.UU.: Las organizaciones obreras (1886)

Publicado en El Socialista n° 8, Madrid, 30 abril, pp. 2-3.

LA CLASE OBRERA EN LOS ESTADOS UNIDOS

Cumpliendo la promesa que hicimos en nuestro segundo número, y hallándonos además en vísperas de la gran batalla que a reñir van nuestros compañeros los trabajadores norteamericanos con los reyes de la fábrica, la mina y el taller, que gobiernan y dirigen la más liberal de las repúblicas, vamos a dar cuenta de las fuerzas con que aquéllos cuentan y del estado económico en que se hallan.

Partido Socialista Obrero

Antes de la abolición de la esclavitud puede decirse que no había en los Estados Unidos movimiento obrero. Nació éste después de terminada la guerra de secesión, esto es, durante un periodo en que la fiebre de empresas y negocios hizo que hubiera trabajo en abundancia. Dos corrientes distintas marcáronse en dicho movimiento: una mantenida por las Trades-Unions o Cámaras sindicales transplantadas de Inglaterra por los elementos puramente ingleses, y la otra creada por las agrupaciones políticas de carácter socialista Internacional. Estas dos organizaciones se ayudaban mutuamente, asistiendo a los Congresos de la Federación de las Trades-Unions los delegados de las agrupaciones políticas, y a los de éstas los delegados de aquéllas. Ambas organizaciones, en los Congresos que celebraron en Filadelfia en 1874, se declararon solidarias de las resoluciones del Congreso internacional de la Haya de 1872. Según una resolución del Congreso de Filadelfia, la Federación de las Trades- Unions rechazaba todo compromiso con los partidos burgueses y acordaba tomar parte en el movimiento político a fin de hacer la educación revolucionaria de la clase obrera. En el programa político se hallaban escritos: la reivindicación de la jornada normal, abolición de todos los impuestos indirectos, responsabilidad de los empresarios y contratistas en los accidentes del trabajo, higiene de los talleres, supresión del trabajo de los niños en las fábricas, creación de oficinas de estadística obrera, etcétera, etc. Con este carácter se desenvolvió el movimiento proletario.

Después del Congreso, los trabajadores organizados fundaron 18 periódicos con el objeto, naturalmente, de defender los intereses de la clase obrera; pero la crisis industrial de 1873-76 contuvo este movimiento, que había nacido vigoroso y pujante.

Sin embargo, de él, es decir, de las filas socialistas de la Internacional, surgió el Partido Socialista Obrero. Las excisiones [sic] provocadas en éste por los manejos de los anarquistas detuvieron un poco su desarrollo; pero deshechos aquéllos y salvadas las diferencias que en el primer momento le impidieron alcanzar la cohesión necesaria, el Partido Obrero Norteamericano ha tomado poderoso auge. En el Congreso de Baltimore, en 1883, el Partido estaba representado por 16 delegados enviados por 20 secciones. En el Congreso de Cincinato, celebrado el año pasado, el número de delegados ascendió a 27, y representaban 39 secciones. Actualmente las fuerzas del Partido Obrero son importantísimas, contando con muchas secciones que tienen una organización militar, y cuyos estatutos obligan a sus individuos a armarse y municionarse.

La influencia del Partido Obrero y de sus doctrinas es tan considerable, que consultado Butler, candidato a la presidencia de los Estados Unidos, por un redactor de la New-York Tribune acerca de si no abrigaba temores de que ocurrieran grandes trastornos en un porvenir no lejano, respondió:

«Los temo, y tengo hijos que vivirán lo suficiente para ver a los Vanderbilt y los Gould —los Rothschilds americanos, el primero muerto há poco— colgados de la manera más científica de los faroles de las calles. Se verterá sangre, apaciguándose después las cóleras durante algún tiempo. Los reyes de la banca conocen ya el peligro; pero no ven el modo de evitarlo. Cuando me presenté candidato a la presidencia, Gould decía: «Es preciso derrotar a Butler.» Creía ver en mis manos la tea del comunismo. Yo no soy comunista; pero la época de los comunistas vendrá, a pesar de los esfuerzos de sus enemigos.»

La Prensa del Partido es numerosísima: además de El Socialista, su órgano oficial, que se compone de ocho páginas y aparece todas las semanas, cuenta con tres periódicos diarios de gran tamaño y otros muchos semanales, bisemanales y mensuales que se publican en las capitales de los principales Estados. El número de folletos destinados a la propaganda de las doctrinas socialistas pasa de 200.000. En vísperas de las últimas elecciones legislativas de Alemania, el Partido Obrero Norteamericano envió 30.000 francos, para gastos electorales, al Partido Obrero Alemán. Con el mismo objeto, y en unión de los socialistas alemanes, ha ayudado también al sostenimiento de la reciente campaña que ha librado el Partido Obrero Francés en la elección de diputados.

El núcleo principal de las fuerzas del Partido Obrero Norteamericano está constituido por trabajadores alemanes, arrojados de su país en gran parte por el desarrollo industrial, que de día en día deja sin ocupación a mayor número de brazos, y por otra a causa de las bárbaras persecuciones que Bismarck ha llevado y lleva a cabo contra los socialistas alemanes.

Como es indudable que los socialistas americanos están llamados, por la importancia que ya tienen y por la extraordinaria que adquirirán dentro de poco, a influir notablemente en los conflictos que surjan en Europa entre burgueses y obreros, los privilegiados del Viejo Mundo tendrán que agradecer a Bismarck lo muchísimo que ha contribuido a robustecer esa fuerza revolucionaria que existe al otro lado del Océano.

Como es consiguiente, el Partido Obrero Norteamericano se halla dispuesto a sostener con todos sus medios y con todas sus fuerzas la campaña que la clase trabajadora de los Estados Unidos comenzará dentro de algunas horas.

Organizaciones de resistencia

Las dos principales son: la Federation of Trades and Labor of the United States and Canada (Federación de las Cámaras sindicales de los Estados Unidos y del Canadá) y los Knights of Labor (Caballeros del Trabajo).

La primera de estas dos importantes organizaciones está compuesta de 380.000 obreros. En 1885 celebró dos Congresos, uno en Washington y otro en Chicago. Las Memorias leídas en ellos daban cuenta que el año 1885 había sido desfavorable a las huelgas, atribuyendo la causa de este hecho a no ser bastante fuerte la organización ni hallarse suficientemente centralizada. En dicho año habían sostenido 93 huelgas, de las cuales solamente en 31 alcanzaron el triunfo. Los huelguistas ascendieron a 53.000. La pérdida de tanta huelga tiene su explicación en la crisis de trabajo que se ha hecho sentir de un modo extraordinario en el año 1885, por cuyo motivo los obreros, impulsados por las escandalosas exigencias de los patronos, se han visto obligados a resistir sin estar ni medianamente preparados para ello.

Esta organización acordó en el Congreso de Washington declararse en huelga toda ella si el día 1.° de mayo de 1886 los industriales de los Estados Unidos no aceptaban la jornada de ocho horas.

Los Caballeros del Trabajo han celebrado su último Congreso el año pasado en Hamilton (Estado de Ontario). La Memoria en él leída declara que esta organización obrera se compone de 7.041 secciones locales y más de 100.000 individuos. Los ingresos que ha tenido en el año último se elevan a 256.171 pesetas y los gastos a 203.435. Ha llevado a efecto gran número de huelgas, triunfando en casi todas ellas. Como sus compañeros de la Federación de las Cámaras sindicales, los Caballeros del Trabajo, en su Congreso de Hamilton, han acordado abandonar el trabajo el 1.° de mayo del presente año si sus explotadores no aceptan la jornada de ocho horas, y desde que adoptaron tal resolución hasta la fecha no han descansado ni un instante en preparar bien todas sus fuerzas para la batalla.

Estas dos organizaciones emplean como arma de combate contra los explotadores del trabajo humano, además de las huelgas, el boycott. El boycott es una especio de huelga, sólo que en vez de hacerla los obreros con el carácter de productores, la efectúan como consumidores; es decir, cuando un fabricante o empresario no quiere atender las reclamaciones de los obreros, estos, si no pueden privarle de brazos para que su industria no funcione, ponen en juego el poder de la asociación a fin de lograr que nadie compre los productos de su fábrica o empresa. Tal sistema, que exige una solidaridad obrera muy íntima, está dando excelentes resultados a nuestros compañeros de los Estados Unidos. En los dos años últimos se han efectuado 237 boycotts, de los cuates 114 no han terminado todavía, 99 han sido ganados y 24 perdidos.

A fines de diciembre del año anterior alcanzaron los obreros, por dicho medio, una victoria contra el director de un teatro de Nueva York. No queriendo el referido director admitir músicos sindicados, se apeló al boycotts, con lo cual se obtuvo que el teatro estuviese casi vacío durante algunas semanas. El director, ante las pérdidas que sufría, tuvo que ceder y admitir a los obreros que antes había rechazado, pagando, además, una multa de 400 dollars (2.000 pesetas) para la Caja de los obreros sin trabajo. Otro tanto les ha pasado a los propietarios de los periódicos el New-York Herald, el New-Yorker-Zeitung y el New-Yorker-Revue, los cuales han sucumbido ante el empleo del boycotts, que les hizo perder la venta de muchos miles de ejemplares. Estos periódicos, que se negaban a emplear obreros asociados, han adquirido el compromiso de no dar ocupación a trabajador alguno que no pertenezca a la Sociedad de su oficio. Además, han tenido que satisfacer una indemnización de 2.500 pesetas cada uno.

La Prensa de que disponen la Federación de las Cámaras sindicales y los Caballeros del Trabajo es importante: pasan de 100 los periódicos, impresos en inglés y en alemán, que se cuidan de propagar su organización, de dar cuenta de los actos que realiza y de mantener constantemente, y cada vez con tono más vivo, el insalvable antagonismo que existe entre los asalariados y sus tiranos de la fábrica y del taller.

Tales son, entre otras de menos importancia, las dos organizaciones obreras que están llamadas a sostener el peso del combate en la demanda de las ocho horas.

A poco de celebrarse el Congreso a que nos hemos referido más arriba, el Comité Ejecutivo de la organización de los Caballeros del Trabajo publicó la siguiente circular:

«A todas las corporaciones y asociaciones de oficio de los Estados Unidos y del Canadá, salud.

«Compañeros de taller, hemos llegado a la época más importante de la historia del trabajo. La cuestión es esta: ¿confiaremos en que un azar providencial establezca la jornada de ocho horas, o bien, contando con nuestras propias fuerzas, nos prepararemos para la lucha y arrancaremos la jornada de ocho horas a los que por ignorancia o egoísmo se opongan a su adopción en el mes de mayo de 1886? Si los asalariados se unen para este fin, si se proveen de recursos bastantes para luchar durante un mes con sus explotadores, de ellos será la victoria.

»El trabajo, moviéndose como una unidad, como se mueve el capital, es invencible: puede imponer sus justas reclamaciones por medios pacíficos y legales. Unidad de acción y algunos ahorros con que satisfacer nuestras necesidades durante corto tiempo, es todo lo que necesitamos. El movimiento, para triunfar, debe comprender a todos los asalariados, a fin de que los productores no produzcan sino cuando sus condiciones sean aceptadas y su objeto esté conseguido.

»Obreros: vuestro deber para con vosotros mismos, para con vuestra familia y para con la posteridad, está claramente definido. Economizad cierta suma, dos dollars (10 pesetas) por semana; comprad con ellos víveres antes del 1.° de mayo de 1886, y estaréis en situación de hacer frente al enemigo.

»Ese es el deber de los individuos. ¿Y el de las corporaciones y sociedades cuál es? Nombrar cada una un Comité decidido y numeroso que se encargue de organizar a los obreros de su oficio y excite a unionistas —asociados— y no unionistas, en el mayor número posible, a que reclamen en mayo de 1886 la jornada de ocho horas. Para obtener las ventajas de una reducción de trabajo, es decir, para alcanzar un trabajo más regular y mejor remunerado y una existencia un poco más larga, hagamos algunos sacrificios. Hora es ya de que trabajemos en este sentido.

»Veinte años de paz en un país como el nuestro, sin epidemias, sin ejército permanente considerable, sin marina costosa, y sin embargo, la pesada carga del trabajo no ha sido aligerada, no obstante haberse introducido en todas partes la máquina ahorratrabajo y encontrarse las calles llenas de obreros sin ocupación. A la vista de esto hay que reconocer que sólo a los trabajadores y a sus sociedades incumbe la tarea de reducir las horas de trabajo y de igualar la carga de la producción social.

»Con unidad de acción y 175 francos de economía por cada obrero, podremos combatir y aun derrotar al capital. Intentemos la lucha; preparémonos. —Gabriel Edmonston, Secretario.»

Situación económica de los trabajadores norteamericanos

Nada tiene de envidiable. Puede asegurarse que los Estados Unidos es hoy el país en que más se explota a la mujer y al niño. El trato que se da a éstos en las fábricas es más que inquisitorial.

Acerca de dicho particular, y ocupándose de las fábricas de Durham (Carolina del Norte) dice The Vorkman (El Trabajador):

«En cada departamento se ve colgado en la pared un látigo, con el objeto de que el capataz lo tenga siempre a su alcance. Cuando los niños —sean de un sexo u otro— se descuidan lo más mínimo en el trabajo, son desnudados por completo y azotados duramente hasta hacerles sangre. Causa dolor grandísimo oír los gritos y las lamentaciones de estos desgraciados seres. A menudo los padres de los niños maltratados trabajan en el mismo taller y asisten a esas escenas bárbaras sin decir palabra, pues de otro modo se los amenazaría con despedirlos, perdiendo así el pedazo de pan que ganan.»

Las Cámaras sindicales de los Caballeros del Trabajo, de Durham, han llevado a uno de estos fabricantes, cristiano por más señas, ante el alcalde; pero éste tomó la defensa de los patronos. En vista de tal proceder, los Caballeros del Trabajo han acudido a los tribunales.

A las mujeres se las emplea en casi todas las industrias. Según una estadística hecha recientemente, hay en el país 14.744.942 obreros ocupados en 245 industrias diferentes, y 2.647.157 obreras trabajando en 222 de esas 245 industrias. El número de mujeres empleadas en las fábricas aumenta sin cesar. En 1870 había 1.836.000; en 1880 había ya 2.647.157. Este aumento en diez años es enorme. En las fábricas de hilados se ocupan 13.000 mujeres más que hombres. El salario de aquéllas es naturalmente inferior al de los hombres, y éstos están muy lejos de encontrarse en una situación siquiera mediana, como lo prueban las inmensas huelgas que estallan a todas horas. La estadística demuestra que cuando el obrero gana cinco pesetas, el patrón se embolsa por lo menos 5,40, y algunas veces más.

El Berliner Borsen-Zeitung (Gaceta de la Bolsa de Berlín) dice a propósito del estado de los obreros americanos:

«Los tiempos son muy duros y marchamos hacia otros tiempos más duros todavía… El año 1885 ha sido terrible, más terrible que ninguno de los años anteriores.»

Un periódico americano, el New-York Commercial Agency, dice que en 21 Estados de la Unión Americana las fábricas no ocupan al presente más que 2.100.479 obreros, es decir, 350.000 menos que en 1880, a pesar del gran aumento de población. De 272 fábricas de algodón, 36 están cerradas; de 287 fábricas de lana, 55 se hallan paradas. Las fábricas de New-England han despedido 21.000 obreros, y en Lowel County (Massachusetts), 2.300. En la industria textil, las fábricas trabajan solamente tres cuartos del tiempo normal, y en el Estado de New-York hay actualmente 14.000 obreros sin trabajo. Los salarios han sido reducidos en 20 y 25 por 100. Una circular de los tejedores de Fall River dice que una pieza de tela de 25 yardas (23 metros) se paga ahora a razón de 90 céntimos de peseta, cobrándose antes a 1,50. En la provincia de Ontario, de 1.417 fábricas que cuenta, 74 se hallan paradas, encontrándose sin trabajo 3.089 obreros y trabajando sólo medias jornadas 2.470.

La situación de la agricultura es tan penosa y crítica como la de la industria, principalmente para los pequeños propietarios. Los campos están inundados de tramps, obreros sin trabajo, que, reunidos en bandas más o menos numerosas, recorren el país en busca de una ocupación cualquiera o pidiendo limosna.

Se calculan en cerca de 500.000 los obreros de todas clases que se encuentran parados.

No es de extrañar, por tanto, que la desesperación y la miseria hayan contribuido poderosamente a aumentar el número de homicidios. Estos llegaban en 1883 a 1.494; en 1885 esta cifra se ha elevado a más del doble.

A mejorar situación tan anormal y grave se encamina el propósito de los obreros organizados de América, al querer implantar desde mañana la jornada de ocho horas.

No tardará mucho el telégrafo en darnos cuenta de tan transcendental acontecimiento; seguramente las Agencias, al servicio, como siempre, de la burguesía, desfigurarán los hechos ocurridos en el comienzo de tan gloriosa empresa; pero sea como quiera, la primer noticia que de nuestros hermanos de América llegue a Europa, será acogida por todos los socialistas de esta parte de la tierra con un ¡hurra! unánime.

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La poderosa organización obrera Central Labour Union (Unión Central del Trabajo) ha decidido considerar el 1.° de mayo como fiesta nacional de los trabajadores.

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