Noticias desde Estados Unidos (1886)

Publicado en El Socialista n° 2, Madrid, 19 marzo, p. 4. y n° 10, 14 de mayo de 1886.

ESTADOS UNIDOS

En uno de nuestros próximos números daremos a conocer extensamente el importante movimiento obrero que existe en este país, regido por una forma de gobierno que sus partidarios y defensores en España nos presentan como buena para resolver los conflictos de la sociedad presente y extirpar el malestar de la clase obrera. Sin embargo, adelantaremos hoy algunas noticias que tienen bastante interés.

La agitación para llevar a cabo el planteamiento de la jornada de ocho horas en casi todas las industrias no cesa. Casi todas las organizaciones obreras se han puesto en movimiento, y no hay centro industrial alguno donde no tenga lugar diariamente un meeting para tratar de lo que afecta a la futura campaña.

Toda la prensa obrera, lo mismo los periódicos de las Trades-Unions —que pasan de 100— que los periódicos socialistas y los millares de manifiestos impresos en inglés, alemán, holandés, polaco, sueco, etc., etc., recomienda que a partir de 1.° de mayo próximo se exija en toda la República de los Estados Unidos la jornada de ocho horas de trabajo.

Los principales mantenedores de esta agitación son los Caballeros del Trabajo —organización poderosísima de resistencia, quizá la primera del mundo— los cuales tratan en estos instantes de atraer al movimiento a las obreras, a fin de que no sustituyan a los obreros cuando la gran huelga estalle. En el programa de los Caballeros del Trabajo se ha inscrito desde hace tiempo el principio de la igualdad de salario para hombres y mujeres. Cuando tuvo lugar la importante huelga de los empleados de uno y otro sexo de las oficinas telefónicas, dicha organización sostuvo la demanda de salario igual para todos los trabajadores, sin distinción de sexo. Las 1.500 obreras empleadas en Filadelfia en las manufacturas de alfombras pertenecen a la organización de los Caballeros del Trabajo. El año último sostuvieron éstos por espacio de más de cinco meses, hasta alcanzar el triunfo, la huelga de 2.200 obreras, empleadas en una fábrica de Jonkers.

En fin, los trabajadores americanos tienen grandísima confianza en alcanzar el próximo mes de mayo un completo triunfo.

La huelga —o batalla— en pro de las ocho horas de trabajo se extiende y generaliza, tomando a cada instante un aspecto más imponente. Muchos patronos se han visto obligados a ceder. Los meetings y las manifestaciones públicas están a la orden del día, y en muchas poblaciones, como Chicago, Nueva York y otros centros industriales, se reproducen. En Chicago, no solamente los huelguistas vinieron a las manos con la policía, sino que también se han batido con las tropas federales, resultando de esta lucha considerable número de muertos y heridos. La clase capitalista está furiosa al ver la rebeldía de sus siervos. La Prensa de todos los Estados combate con saña el movimiento obrero y sobre todo los elementos socialistas. Sostienen que el virus revolucionario, la semilla socialista, la han llevado allí los obreros alemanes, y a este propósito se dice que las Cámaras federales estudiarán el modo de prohibir la inmigración. Al objeto de sofocar el movimiento no se perdona ningún medio. En Chicago se ha suspendido un periódico socialista, disuelto los clubs revolucionarios, las Asociaciones declaradas criminales, las casas de los socialistas registradas y arrebatados cuantos papeles se han encontrado en ellas, multitud de socialistas presos, la policía armada de rifles y con instrucciones de hacer fuego al menor síntoma de resistencia; en una palabra, se ha empleado un lujo de autoridad, que hace preguntar si se trata de Rusia, donde impera la autocracia más pura, o de una República federal. Se teme que lo mismo que en Chicago ocurra en Cincinato, donde las manifestaciones obreras son formidables y llevan el espanto a los ánimos de la burguesía, de esa burguesía norteamericana, más inmoral, más codiciosa y más despótica que la de los demás países. El Gobierno de Washington, como digno representante de ella, ha dado órdenes apremiantes para reforzar la guarnición de Cincinato con cuatro regimientos federales. Mucha sangre obrera ha corrido en esta campaña: quizá se derrame más aún; pero si nosotros debemos sentirlo mucho, como lo sentimos, por ser sangre de trabajadores, la clase burguesa en general tendrá que sentirlo más, porque tan vandálicos hechos harán ver a los obreros, lo mismo norteamericanos que europeos, que de los demás países llamados civilizados, la necesidad que existe de aniquilar a la raza explotadora, ya sus representantes ciñan corona, ya cubran su cabeza con el gorro frigio.

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