J.-J. Marie. La Ucrania de ayer y de hoy [16/3/2022]

La Ucrania de ayer y de hoy

Por Jean-Jacques Marie

Cahiers du mouvement ouvrier

16 de marzo de 2022

Traducción del francés: Daniel Gaido

La historia de la nación ucraniana a veces mezcla inextricablemente el mito y la realidad. Los historiadores ucranianos a menudo fechan la historia de Ucrania a finales del siglo X después de Cristo. Cuando la Rada, los dos tercios de cuyos diputados pertenecían al Partido Comunista de Ucrania, votó el 24 de agosto de 1991 la independencia de Ucrania por 346 votos contra 1 y 3 abstenciones, la resolución hizo alusión a una tradición estatal milenaria. Así, el billete de una hryvna (гривня: grivna, la moneda de curso legal de Ucrania) lleva el retrato de Volodimir (Vladimir) el Grande, el príncipe de Kiev (Kyiv), quien a fines del siglo X después de Cristo unió bajo su cetro a toda una serie de tribus paganas eslavas y les impuso el cristianismo ortodoxo, y cuyo imperio llevaba el nombre de Rus.

El billete de dos hryvnas presenta el retrato de su hijo Yaroslav el Sabio, quien reinó a fines de la primera mitad del siglo XI. El billete de 5 hryvnas presenta el retrato de Bohdan Khmelnytsky, el líder cosaco que a mediados del siglo XVII organizó el levantamiento de los cosacos contra el dominio polaco y firmó un acuerdo con el zar ruso para colocar los territorios que controlaba bajo la protección de Rusia. Aunque la estatua de Bogdan Khmelnitsky se encuentra en pleno centro de Kiev, la idea de una nación ucraniana era tan ajena a este líder cosaco como lo era al cosaco atamán Iván Mazeppa que, a principios del siglo XVIII, se enfrentó a Pedro el Grande para sacudirse su tutela y fue derrotado, junto con Carlos XII de Suecia, en la batalla de Poltava.

La idea de una nación ucraniana no apareció hasta principios del siglo XIX, y todos los territorios en los que viven los ucranianos solo se reunieron por primera vez dentro de una sola entidad geográfica en 1945 en la República Socialista Soviética de Ucrania, que sólo tenía los atributos formales de un estado independiente. Ucrania no existió como estado formalmente independiente hasta diciembre de 1991, cuando tuvo lugar la disolución de la Unión Soviética, firmada por Boris Yeltsin y los representantes de Ucrania y Bielorrusia.

El término Ucrania (Україна: Ukraina) apareció a finales del siglo XVI, al final de la ocupación mongola, cuando los reinos de Lituania y Polonia se fusionaron en un reino de Lituania y Polonia, dominado por la aristocracia polaca, territorio dentro del cual se integraron la mayoría de los territorios anteriormente sujetos a los príncipes de Kiev. Ucrania significa: “territorio fronterizo”. Sus habitantes fueron designados por el término rusinski traducido al español como rutenio, del latín Ruthenia («Rusia»). El término Ucrania designaba entonces una entidad territorial y no una identidad nacional, ni siquiera embrionaria. Este territorio fronterizo, enfrentado a las incursiones de los tártaros asentados en Crimea desde el siglo XIV, dio a luz una particular formación social: la de los cosacos, campesinos libres y armados (la palabra cosaco proviene de una palabra turca que significa hombre libre) que aseguraban la defensa de sus territorios contra las incursiones tártaras. A raíz de la revuelta cosaca de Bohdan Khmelnytsky, que, al principio dirigida contra los nobles polacos, se convirtió en un movimiento social de los campesinos libres contra los grandes terratenientes polacos y en una guerra religiosa de los ortodoxos contra los católicos y los judíos, Khmelnitsky creó un estado autónomo cosaco ucraniano de corta duración. Pero el término «ucraniano» en este sentido tenía un significado esencialmente geográfico, incluso si reunía a poblaciones eslavas que hablaban dialectos eslavos muy similares. El contenido era el de «cosaco». Por el tratado de Pereiaslav, firmado en 1654, este estado cosaco autónomo quedó bajo la protección de Rusia y pierde toda autonomía tras la derrota de Iván Mazeppa. Las autoridades rusas se referían a este estado como pequeña Rusia y a sus habitantes como pequeños rusos. En ese momento, en 1569, cuando se formó la Mancomunidad de Polonia-Lituania, dominada por la Iglesia Católica, mientras que la antigua Rus había adoptado la ortodoxia bizantina, se formó, bajo la presión del clero polaco, una Iglesia católica griega llamada uniata, la cual, aunque observa los ritos ortodoxos, reconoce la autoridad del Vaticano. La iglesia uniata se estableció especialmente en el oeste de Ucrania, en Galitzia, y jugó un papel importante a lo largo de la historia de Ucrania.

Esta falta de diferenciación del contenido nacional fue una realidad general hasta finales del siglo XVIII, cuando la Revolución Francesa, y luego el desarrollo del capitalismo y la formación de las burguesías nacionales, dieron un fuerte impulso a la idea de nación.

Una idea nacional tardía

Ucrania se mantuvo al margen de dicho proceso durante mucho tiempo por dos razones. Por un lado, era una tierra dividida entre varios reinos Polonia, Rusia y Rumanía, y luego, tras las tres particiones de Polonia en 1775, 1793 y 1795, entre Rusia, Austria-Hungría y Rumanía. Por otro lado, en 1783, año en que arrebató Crimea al Imperio Otomano, la zarina Catalina II prohibió a los campesinos que constituían la abrumadora mayoría de los ucranianos abandonar las tierras señoriales; esta población campesina, reducida a un estado de servidumbre hasta principios de la década de 1860 en la parte muy mayoritaria de Ucrania integrada en el Imperio Ruso, quedó al margen del desarrollo de la industrialización. Los campesinos siervos, en virtud de su condición social, no podían desarrollar una conciencia nacional, ya que el siervo era un objeto vendible que era llamado “alma” (душа). Después de la abolición de la servidumbre en 1861, estos campesinos rechazaron las fuertes indemnizaciones que debían pagar a sus antiguos amos y tenían una sed inextinguible de tierra, que la abolición de la servidumbre no hizo más que aumentar en la medida en que las parcelas que se les adjudicaron eran miserables (de 1 a 3 hectáreas para familias numerosas).

Por lo tanto, la idea nacional ucraniana que se formó a principios del siglo XIX se refería sobre todo a las delgadas capas urbanizadas, una pequeña intelectualidad simbolizada por el escritor y pintor Taras Shevchenko, fundador de una lengua literaria ucraniana, cuyo modesto nacimiento preocupó mucho al zar Nicolás I, quien exilió a Shevchenko y le prohibió escribir en ucraniano e incluso pintar. Esta intelectualidad publicó reseñas literarias e históricas en ucraniano con una circulación modesta para promover un idioma ucraniano entonces dividido en dialectos vecinos hablados por campesinos, mientras que la intelectualidad hablaba ruso. Así, el ucraniano Gogol escribió toda su obra en ruso. Incluso en la Galitzia austríaca, donde la monarquía de este imperio multinacional era más liberal, el nacionalismo ucraniano estaba aún en pañales y muy marcado por la influencia del clero uniata. Esta realidad empujó a Rosa Luxemburg a afirmar que la cuestión ucraniana era una invención de un puñado de intelectuales y no tenía realidad histórica.

Las consecuencias de la revolución rusa

Después de febrero de 1917, se desarrolló en Ucrania una aspiración a la autonomía dentro de una república confederada. Los partidos democráticos ucranianos crearon una Rada central que ignoró la aspiración de los campesinos a dividirse la tierra de los grandes terratenientes. Al día siguiente de la revolución de octubre de 1917, la Rada Central proclamó la República Popular de Ucrania, que los alemanes y los austriacos reconocieron en Brest Litovsk para firmar una paz separada con ella. Pero los alemanes y los austriacos necesitaban hacerse con los recursos agrícolas del país para alimentar a las poblaciones hambrientas de sus dos imperios, por lo que derrocaron al gobierno e instalaron un atamán, Pavlo Skoropadskyi. La guerra civil asoló Ucrania durante más de tres años y enfrentó a los blancos comandados por Antón Denikin (que querían restaurar a la Rusia “una e indivisible”, y que, donde se instalaron, le quitaron a los campesinos las tierras de habían ocupado y prohibieron el uso del ucraniano), a los nacionalistas ucranianos comandados por Simon Petliura, al Ejército Rojo bolchevique y a las bandas de campesinos insurgentes llamadas verdes, la más conocido de los cuales fue el ejército del campesino anarquista Néstor Majno. El Ejército Rojo controló Ucrania a finales de 1920. Los blancos de Denikin y los nacionalistas de Petliura desataron los mayores pogromos antijudíos del período prenazi, pogromos que a veces también fueron llevados a cabo por los grupos anarquistas campesinos de Majno y por la Caballería Roja de Semión Budionni, que incluía cosacos. (Nokhem Shtif, The Pogroms in Ukraine, 1918-19, publicado originalmente en yiddish en 1923, Open Book Publishers, 2019).

A raíz de la Primera Guerra Mundial y de la Paz de Riga firmada entre la URSS y Polonia en 1921, los ucranianos fueron divididos en cinco estados: la URSS (que reunió a casi las cuatro quintas partes), Polonia, Checoslovaquia, Rumania y Hungría. La victoria de los bolcheviques condujo a la creación de una República Socialista Soviética de Ucrania, donde los bolcheviques llevaron a cabo desde 1923 una llamada política de ucranización, continuada hasta principios de la década de 1930. Lenin desarrolló posiciones «federalistas» (opuestas a las posiciones centralistas estalinistas) favorables a la autodeterminación. Hoy los Maidanistas están destruyendo las estatuas de Lenin, desconociendo que fue bajo su impulso que el idioma ucraniano se enseñó como nunca antes, y como no fue enseñado en otros lugares de los territorios ucranianos bajo ocupación polaca o rumana.

La ucranización

Todos los empleados estatales debían, bajo pena de ser despedidos, aprender ucraniano en el plazo de un año. La enseñanza y las publicaciones en ucraniano se desarrollaron sistemáticamente. En 1926, el nuevo secretario del Partido Comunista ucraniano, Lazar Kaganovich, exigió que se ucranianizara todo el aparato estatal. Todas estas medidas condujeron a que, en 1927, el 70% de los actos oficiales se escribieron en ucraniano frente al 20% en 1925. En respuesta a una encuesta, el 39,8% de los empleados estatales afirmaron conocer bien el ucraniano y el 31,7% satisfactoriamente, lo que probablemente sea una exageración. Más seguro es el dato según el cual en 1929 el 83% de las escuelas primarias y el 66% de las escuelas secundarias y universidades impartían educación en ucraniano. En 1932, el 88% de las publicaciones periódicas y el 77% de los libros publicados en Ucrania estaban en ucraniano. La misma política se aplicó frente a los judíos, numerosos en Ucrania, con el desarrollo de escuelas y publicaciones en yiddish al mismo ritmo. El historiador canadiense de origen ucraniano Serhy Yekelchyk concluyó de estos hechos: “El poder soviético contribuyó a completar el proceso de formación de una nación ucraniana” (“Soviet authorities effectively sponsored the completion of the nation-building process in Ukraine”, Serhy Yekelchyk, Ukraine: Birth of a Modern Nation, Oxford University Press, 2007, p. 94).

La burocracia soviética se inquietó. Stalin, en 1932, puso fin a la política de ucranización (así como al desarrollo del yiddish). Coincidentemente, el invierno de 1932-1933 estuvo marcado en Ucrania por una terrible hambruna. La conjunción de los dos hechos llevó en 1933 al suicidio de Mykola Skrypnyk, líder del Partido Comunista ucraniano que apoyaba la ucranianización, y del escritor Mykola Khvylovy, un gran defensor y promotor de la cultura y de la literatura ucraniana. Lentamente se puso en marcha una política de rusificación.

En marzo de 1939, tras desmembrar Checoslovaquia y hacerse con su provincia autónoma de Rutenia, Hitler lanzó un proyecto de una Gran Ucrania dirigido contra la URSS, que abandonó en cuanto decidió acercarse a Stalin. En abril de 1939 Trotsky escribió: «La cuestión ucraniana está destinada a desempeñar un papel enorme en la vida de Europa en un futuro próximo» y se declaró a favor de la independencia de Ucrania y la creación de una República Socialista de Ucrania contra la dictadura de la burocracia estalinista. (León Trotsky, La cuestión ucraniana, 22 de abril de 1939)

En septiembre de 1939, la URSS invadió Polonia y conquistó Galitzia, luego, en 1940, conquistó dos territorios rumanos habitados por ucranianos, el sur de Besarabia y el norte de Bucovina.

En el verano de 1941, el campesinado ucraniano acogió al principio con simpatía a los soldados de la Wehrmacht, que incluían dos batallones ucranianos de Galitzia formados bajo la égida de la Organización de Nacionalistas Ucranianos u OUN (Організація українських націоналістів) dirigida por Stepán Bandera. La otra rama de la OUN, dirigida por Andriy Mélnyk, llevó adelante una colaboración más sistemática con los ocupantes alemanes, con la ayuda del Comité Central de Ucrania con sede en Cracovia. Los nacionalistas de la OUN, encabezados por Stepan Bandera, incluso proclamaron en Lvov (Lviv), una efímera república ucraniana “independiente”, poniéndose bajo la protección de los ocupantes alemanes. Yaroslav Stetsko se convirtió en jefe de este gobierno, llamado Junta Estatal de Ucrania (Українське Державне Правління), cuya independencia fue proclamada el 30 de junio de 1941 en Lviv. Simultáneamente con la proclamación de este «estado» ucraniano, explícitamente subordinado a Adolf Hitler, los primeros pogromos estallaron «espontáneamente» en Lviv y en otros lugares, a instancias de los nazis, y antes de que los Einsatzgruppen (los “grupos de tareas” de las SS) intervinieran para el exterminio sistemático de judíos, gitanos y comunistas.

La OUN-Melnik, apoyada por la Iglesia Uniata, participó en la creación, el 28 de abril de 1943, de la División de Voluntarios de la SS Waffen SS-Freiwilligen Division «Galizien» (Добровільна Дивізія СС «Галичина»), que confluyó más tarde, a principios de 1945 con otras formaciones nazis, en un efímero «Ejército Nacional de Ucrania» (UNA) -Укра́їнська націонáльна армія (УНА)-, la mayoría de cuyos combatientes, ex-SS, se rindieron a los aliados angloamericanos, que los ayudaron a emigrar a Canadá.

Pero los nazis, deseosos de reducir a los ucranianos a la esclavitud, liquidaron de inmediato este estado títere y encarcelaron a su autoproclamado líder Yaroslav Stetsko y a Stepan Bandera, a quienes liberaron a fines de 1944. La Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN) creó entonces el Ejército Insurgente de Ucrania (UPA) – Українська повстанська армія (УПА)-, cuyo maquis primero lucharon moderadamente contra la Wehrmacht y luego lucharon ferozmente contra el Ejército Rojo, tan pronto como éste comenzó su avance en la primavera de 1943.

Los combatientes de la UPA continuaron la lucha contra la sovietización hasta 1950 (y en pequeños grupos hasta 1954) mientras que las SS y otros nazis colaboradores de la OUN retrocedieron con las tropas alemanas en 1944 o se rindieron a los angloamericanos, para poder incorporarse a la diáspora ucraniana en las Américas y en Australia.

La OUN no erael” movimiento nacional ucraniano, sino sólo su ala fascista. Fundada en 1929, en Galitzia (bajo el régimen polaco) sobre la base de un programa conocido como «nacionalismo integral», siguió siendo un fenómeno «de Galitzia», durante mucho tiempo, pero hoy en día la mayoría de los nacionalistas ucranianos reivindican su herencia, destacando la posterior conversión de la OUN a los «ideales democráticos».

Compañero de armas de Bandera y consagrado como él «héroe nacional» tras la Revolución Naranja de 2004, Roman Shukhevych comandó sucesivamente un batallón ucraniano de la Wehrmacht en 1941, el batallón policial «Schutzmannschaft 201» destinado a la represión de partisanos en Bielorrusia en 1941-42, y luego al “Ejército Insurgente de Ucrania” (OUN-UPA) fundado por él y «en nombre de Bandera» en octubre de 1943. La OUN en su conjunto, la OUN-Bandera y la UPA en particular, participaron en el genocidio nazi. La UPA exterminó a los civiles polacos en Volhynia en 1943. (Per Anders Rudling, «Rehearsal for Volhynia: Schutzmannschaft Battalion 201 and Hauptmann Roman Shukhevych in Occupied Belorussia, 1942«, East European Politics and Societies and Cultures, 2019, Vol. XX, No. X, pp. 1-36.)

Si la UPA luchó principalmente contra el Ejército Rojo, los partisanos y los ejércitos polacos, también se enfrentó a los ocupantes nazis, no por la divergencia sobre los objetivos del Tercer Reich de aniquilar al “judeo-bolchevismo”, sino por la negativa de Hitler a acceder a las demandas de un estado independiente (bajo protectorado nazi). Estas demandas, alentadas antes de la guerra por ciertos círculos nazis, en particular Alfred Rosenberg y la Abwehr, eran obviamente incompatibles con el «Generalplan Ost» [el Plan General del Este, un plan nazi de limpieza étnica​ cuyo objetivo era exterminar o deportar a Siberia a 31 millones de eslavos de Polonia, Ucrania, los estados bálticos y las zonas más occidentales de la URSS], que consistía en colonizar la URSS, esclavizar y eliminar físicamente a los «Untermenschen» (subhumanos), incluidos los ucranianos.

El nacionalismo ruso estalinista

A raíz de la victoria sobre los nazis, Stalin desarrolló un nacionalismo ruso que caracterizó cada vez más a la nomenklatura (la burocracia estalinista) y del cual el nacionalismo de Putin es un legado. Este nacionalismo ruso condujo a un antisemitismo cada vez más brutal a partir de 1949 y a una política acelerada de rusificación en Ucrania. Jrushchov, evocando la deportación de cinco de los aproximadamente doce pueblos deportados por Stalin entre 1937 y 1944, declaró en su informe secreto de febrero de 1956 al XX congreso del PCUS: “Los ucranianos evitaron este destino sólo porque eran demasiado numerosos y porque no había lugar para deportarlos. De lo contrario, también habrían sido deportados”. Esta broma, que hizo reír al congreso, es un reflejo caricaturesco de la aversión de Stalin a cualquier afirmación nacional de los ucranianos.

En 1945, la derrota del Eje y de los gobiernos vinculados a Berlín permitió a la URSS consolidar estas conquistas territoriales: por primera vez en la historia todos los territorios mayoritariamente poblados por ucranianos fueron reunidos en una República Ucraniana dotada de los atributos de una soberanía puramente formal (Ucrania tenía un representante en la ONU y un ministro de Relaciones Exteriores). Pero los maquis nacionalistas de la UPA controlaron muchos pueblos hasta principios de la década de 1950, como en Lituania.

La segunda guerra mundial asoló Ucrania, destruyó sus grandes ciudades y la mayoría de sus pueblos, sus granjas, sus fábricas. Un día del verano de 1945, Jrushchov llegó a su pueblo natal, donde descubrió un espectáculo desolador que describió al Comité Central en 1957: «No tienen caballos, ni carretas, ni pan. (…) No quieren trabajar en el koljoz. Por su trabajo reciben solo nísperos.»

Desde 1945 hasta la caída de la URSS, Ucrania estuvo sometida a una política de rusificación, agravada por la despiadada lucha contra los maquis de Bandera, que movilizó a miles de hombres y se benefició en el oeste de Ucrania de la ayuda de gran parte de la población campesina.

Por un breve momento, bajo el impulso de Beria, consciente de la magnitud de la crisis económica, social y política que asolaba a la URSS a la muerte de Stalin, el Kremlin intentó aflojar un poco el control. El 26 de mayo de 1953, Beria hizo que el Presídium adoptara una decisión que subrayaba los fracasos de la represión en las provincias occidentales de Ucrania. De 1944 a 1952, señalaba, más de medio millón de habitantes fueron víctimas de ella; 203.000 de ellos fueron deportados y 153.000 fusilados. La rusificación fue brutal: de 311 altos ejecutivos, solo 18 eran de la región, donde la educación superior se impartía casi exclusivamente en ruso. La resolución afirmaba que “el uso estúpido de la represión sólo despierta el descontento de la población y perjudica la lucha contra los nacionalistas burgueses”. El Presídium sustituyó al ruso Leonis Melnikov como primer secretario del Partido Comunista de Ucrania por su adjunto ucraniano, Alexei Kirichenko, y nombró al escritor oficial, nulo pero ucraniano, Oleksandr Korniychuk, primer vicepresidente del Consejo de Ministros de Ucrania. Ordenó «poner fin radicalmente a las arbitrariedades e ilegalidades realizadas por ciertos cuadros contra la población».

Esta breve mejora se suspendió tras el arresto de Beria en junio de 1953 y su ejecución en diciembre. Desde Jrushchov hasta Brezhnev, la rusificación de Ucrania continuó y los intentos de los intelectuales ucranianos de defender la cultura ucraniana, incluso los más modestos, fueron brutalmente reprimidos.

La independencia y el saqueo de Ucrania

La caída de la URSS condujo a su desmantelamiento. El 24 de agosto de 1991 el ex-secretario de ideología del Partido Comunista ucraniano, Leonid Kravchuk, votó a favor de la independencia de Ucrania por 346 votos a favor, con 1 voto en contra y 3 abstenciones. El 30 de agosto de 1991, la Rada prohibió al Partido Comunista ucraniano.

Los antiguos líderes de la Ucrania soviética (líderes del PCUS y directores de empresas) permanecieron al frente del poder; al igual que los oligarcas rusos, organizaron un gran saqueo del país y revendieron a los países occidentales al precio del mercado mundial el gas vendido por Rusia a precios bajos. Provocaron un desastre social: en 1992 la inflación fue del 2500%, en 1993 fue del 100% mensual. En 1995, las tres cuartas partes de la población vivían oficialmente por debajo del umbral de la pobreza.

Ucrania es uno de los campeones mundiales del saqueo y la corrupción; en 2009 obtuvo la medalla del país más corrupto del mundo por parte de Transparency International. La política y los negocios se mezclaron; los empresarios se presentan a las elecciones para defender su propio negocio o crean partidos para este propósito. Por ejemplo, en 2002 el oligarca Victor Pinchuk se casó con Helena, la hija de Leonid Kuchma, el segundo presidente de Ucrania independiente del 19 de julio de 1994 al 23 de enero de 2005. En 2009 su fortuna ascendía a 2.200 millones de dólares.

Otro ejemplo es esclarecedor es el de Pavel Lazarenko, primer ministro de mayo de 1996 a julio de 1997, quien combinó sus actividades como primer ministro con el negocio de la energía (gas) y las comunicaciones, en estrecha cooperación con el futuro estrella fugaz Yulia Tymoshenko. Transfirió los cientos de millones de dólares que robó a bancos estadounidenses, suizos y caribeños. Kuchma, él mismo muy corrupto, se deshizo de él en julio de 1997. Lazarenko huyó a Suiza con pasaporte panameño. Detenido brevemente en 1999, huyó a los Estados Unidos, donde fue condenado y encarcelado por lavado de dinero. Hubo docenas de Lazarenkos.

En 2004, en vísperas del final de su mandato, Kuchma vendió precipitadamente toda una serie de empresas a familiares a precios muy competitivos. Así, vendió la planta metalúrgica más grande del país, Krivorojstal, a su yerno Pinchuk y a Rinat Ajmétov, por 800 millones de dólares, o una sexta parte de su valor real. En octubre de 2005, Mittal-Arcelor Steel Company compró la empresa a los dos amigos por 4.800 millones de dólares.

La corrupción de los políticos ucranianos es abismal. Víktor Yanukóvich, el presidente derrocado en 2014, fue sentenciado dos veces en su juventud, una por robo y la segunda por vandalismo. Más tarde afirmó haber obtenido diplomas comprados, según una costumbre muy extendida en la Unión Soviética, donde los precios eran conocidos por todos. Es famoso tanto por su falta de cultura como por su codicia. Las raras veces que tiene que completar un documento por escrito lo llena de faltas de ortografía. Dueño de una lujosa villa construida en 130 hectáreas de terreno en las afueras de Kiev, está al frente de un clan mafioso del que su hijo Oleksandr Yanukóvich es uno de los eslabones. El clan Yanukóvich robó a Ucrania de 7 a 10 mil millones de dólares al año. La fortuna de su hijo se estima en 550 millones de dólares. Presidente de la corporación Management Assets Company (MAKO) con sede en Donetsk, posee varias sociedades de cartera (holdings) en Ucrania, Suiza y los Países Bajos, y vende carbón a través de una empresa en Ginebra. Sus empresas desde 2010 han ganado sistemáticamente licitaciones de las autoridades ucranianas. Tomó bajo su control los servicios de la administración tributaria, aduanas y servicios de seguridad.

Mykola Azarov, quien sirvió como primer ministro de Ucrania del 11 de marzo de 2010 al 28 de enero de 2014 y era propietario de un jet privado, se refugió en Viena, donde reside su hijo Oleksandr, activo en la construcción de hoteles de lujo, al frente de LADA Holding Anstalt, con sede en Austria, eslabón de una compleja red de empresas dirigidas por otros caciques del régimen. Vitaliy Zakharchenko, jefe del servicio estatal de impuestos de Ucrania del 25 de diciembre de 2010 al 7 de noviembre de 2011 y ministro del interior del 7 de noviembre de 2011 al 21 de febrero de 2014, es propietario con su esposa Liudmila de varias empresas comerciales, especialmente en los Países Bajos, y de la compañía de seguros Star-Polis, la cual protagonizó un escándalo en 2013: los servicios de policía encargados de los pasaportes exigían a los solicitantes que tuvieran un seguro con Star-Polis.

El odio suscitado en el país contra los beneficiarios de esta verdadera mafia y un parlamento también -y casi exclusivamente- poblado por delincuentes, atrajo en 2004 a la población hábilmente desviada hacia la así llamada Revolución Naranja. Este odio era tal que Yulia Tymoshenko, nombrada primera ministra por el nuevo presidente Viktor Yushchenko, anunció una revisión de las privatizaciones anteriores para hacerse popular, sembrando el pánico entre los oligarcas y banqueros extranjeros que manejaban los depósitos cuidadosamente reubicados de los oligarcas saqueadores. Tymoshenko retrocedió y solo revisó marginalmente algunas privatizaciones menores. Su gobierno pronto se vio afectado por escándalos del mismo tipo que las privatizaciones de Kuchma. Así, su ministro de Justicia, Roman Zvarich, quien a pesar de su nombre es un ex-ciudadano estadounidense, votó en contra de una ley urdida entre Timoshenko y Putin, que prohibía la reventa en Europa por parte de Ucrania a precio mundial del gas ruso que Ucrania compraba a precio preferencial. Esta reventa ilegal era una de las principales fuentes de ganancias ilícitas de los oligarcas ucranianos, y la esposa de Zvarich era una organizadora.

Otra jugosa práctica de la mafia consistía en certificados fraudulentos obtenidos de funcionarios corruptos para declarar bienes vendidos en el extranjero como si hubieran sido vendidos en Ucrania, para obtener el reembolso del IVA -una de las tantas formas de evasión fiscal.

Partidos de delincuentes

La vida política ucraniana está marcada por un desfile de partidos vinculados a uno u otro clan empresarial, donde todo se compra. Los diputados monetizan su cambio de grupo parlamentario: el precio varía de 5 millones a 7 millones de dólares, en un país donde la mayoría de los jubilados cobra menos de 200 euros al mes. En cualquier caso, ese es el precio que pagó Víktor Yanukóvich en 2006 cuando fue primer ministro de Viktor Yushchenko… contra el que se había presentado en las elecciones presidenciales del 2004, que había perdido tras afirmar que Yushchenko las había ganado gracias a un tráfico de votos vergonzoso, que había vuelto a decenas de miles de ucranianos en su contra.

Nada ha cambiado tras la supuesta “Revolución de la Dignidad” o “Euromaidán”, que tuvo lugar del 21 de noviembre de 2013 al 23 de febrero de 2014, en este caleidoscopio de partidos virtuales plagados de corrupción, donde todo se vende y se compra. Así, por ejemplo, en las elecciones municipales del 25 de mayo de 2014 en Odessa, los dos competidores que se enfrentaran eran ambos totalmente corruptos: Eduard Gurwits (cuyo partido, UDAR, obtuvo el 32% de los votos) fue, desde la década de 1990, varias veces acusado de connivencia con los rebeldes chechenos y los ultranacionalistas ucranianos, de vínculos con bandas mafiosas, de corrupción. La reputación de Gennadiy Trukhanov (ganador de las elecciones, con el 43,5% de los votos, ex-miembro del Partido de las Regiones) no es mejor. Se le acusa de haber pertenecido al mundo criminal en la década de 1990 y de haber permanecido cercano a ciertos mafiosos.

Petro Poroshenko, el quinto presidente de Ucrania de 2014 a 2019, propietario del canal 5, se inició en el mundo de los negocios importando cacao y luego compró fábricas de chocolate para formar la compañía Roshen. Elegido diputado en 1998, podría ser la imagen perfecta de la veleta si los partidos políticos ucranianos fueran partidos de verdad. Primero se unió al Partido Socialdemócrata (que es solo socialdemócrata de nombre) del presidente mafioso Kuchma, luego, en 2000, creó Solidaridad, que se unió al Partido de las Regiones de Víktor Yanukóvich el mismo año. En 2001 se unió a Nuestra Ucrania, el bloque de Viktor Yushchenko, quien fue el padrino de sus hijas. Presidente de la Junta del Banco Nacional, se convirtió en ministro de relaciones exteriores en octubre de 2009 hasta la primavera de 2010. Ingresó al gobierno del Partido de las Regiones, convirtiéndose en ministro de desarrollo económico de Yanukovich por unos meses.

La intervención de los Estados Unidos

Desde mediados de la década de 1990, los líderes de Estados Unidos captaron la importancia geopolítica de Ucrania, aunque apoyaron al entonces presidente ruso, Boris Yeltsin, quien, flanqueado por asesores estadounidenses, privatizó a diestra y siniestra. En la revista Foreign Affairs, en 1994, Zbigniew Brzezinski, ex-asesor de Jimmy Carter, escribió: “Sin Ucrania, Rusia deja de ser un imperio” (“without Ukraine, Russia ceases to be an empire”, Zbigniew Brzezinski, “The Premature Partnership,” Foreign Affairs, 1994, Vol. 73, No. 2, p. 80).

A finales de la década de 1990, Ucrania era el tercer país del mundo más “beneficiado” por la ayuda financiera estadounidense, detrás de Israel y Egipto. Esta luna de miel se interrumpió por un momento a principios de 2003, cuando Bush se enteró de que Kuchma había vendido a Irak armas por valor de cien millones de dólares y prometió venderle el sistema de radar Kolchuga (cota de malla), que permitía detectar los llamados bombarderos estadounidenses indetectables.

Zbigniew Brzezinski, para quien Ucrania es una apuesta estratégica, definió en 1997 un programa para el desmantelamiento de Rusia en tres estados marionetas: la Rusia europea, la República de Siberia y la República del Lejano Oriente. Este desmantelamiento prolongaría la dislocación de la Unión y debería ir acompañado de la adhesión de Ucrania a la OTAN y la subordinación total de las antiguas repúblicas periféricas soviéticas a Estados Unidos y sus multinacionales. Brzezinski afirmaba así que “Rusia tendrá que resignarse a lo inevitable, es decir, a la continuación de la ampliación de la OTAN (…) en el espacio exsoviético”. Abogaba por «un sistema político descentralizado y una economía de libre mercado» que permitiese «liberar el potencial creativo del pueblo ruso y las vastas reservas de recursos naturales de Rusia» así abiertas a las multinacionales norteamericanas (Zbigniew Brzezinski, “A Geostrategy for Eurasia,” Foreign Affairs, Vol. 76, No. 5, 1997, pp. 50-64).

Estados Unidos se comprometió entonces a apoyar la Revolución Naranja de 2004, que se montó sobre la protesta de la masa de la población contra la corrupción del sistema de Kuchma y su intento de amañar las elecciones presidenciales para elegir a su candidato, Víktor Yanukóvich. Su candidato al poder, Viktor Yushchenko, se había casado en 1998 con una ciudadana estadounidense de origen ucraniano, Kateryna Chumachenko, ex-funcionaria del Departamento de Estado. Rodeado de asesores estadounidenses, Yushchenko contrató como asesor especial a Boris Nemtsov, el hombre que había declarado en 1997: “Debemos implementar una serie de dolorosas medidas impopulares (…) y poner fin a los innumerables beneficios sociales”.

Durante las elecciones legislativas en Ucrania en 2005, Le Monde publicó un artículo titulado: “Los asesores estadounidenses en el corazón de la campaña” («Les conseillers américains au cœur de la campagne»). El republicano Paul Manafort, director de la firma de lobbying Black, Manafort, Stone and Kelly, fue invitado a Kiev a principios de 2005 por el oligarca Rinat Akhmetov para manejar la campaña del Partido de las Regiones de Yanukóvich por 150.000 a 200.000 dólares al mes. El ex-responsable de comunicaciones de Bill Clinton, Joe Lockhart, trabajó con el bloque Yulia Tymoshenko (БЮТ) y Stan Anderson, un lobbyista de Washington, encabezó un grupo de trabajo para el partido Nuestra Ucrania de Yushchenko. Todos, según Le Monde, «se niegan a hacer declaraciones».

Le Monde del 27 y 28 de febrero de 2005 describió la cadena de instituciones estadounidenses presentes en Kirguistán durante la » Revolución de los Tulipanes» que derrocó al presidente Askar Akáyev: “En vísperas de las elecciones, se desplegó en Bishkek todo el arsenal de fundaciones estadounidenses que han apoyado las oposiciones en Serbia, Georgia y Ucrania, en particular el National Democratic Institute (…) todo lo que Kirguistán cuenta como sociedad civil está financiado por fundaciones o por ayuda occidental directa, en primer lugar el programa estatal norteamericano USAid (United States Agency for International Development)”.

Esta es una política general en los estados resultantes de la caída de la URSS, por lo que Estados Unidos puso al frente de la política estonia a Toomas Hendrik Ilves. Nacido en 1953 en Estocolmo, donde sus padres habían emigrado en 1944, antes de partir en 1956 hacia los Estados Unidos, Ilves fue contratado en 1984 por Radio Free Europe, la radio antisoviética con sede en Múnich y se convirtió en director del servicio estonio de Radio Free Europe hasta 1993, cuando regresó a Estonia. Luego de ser nombrado embajador de Estonia en los Estados Unidos, renunció a su nacionalidad estadounidense. Nombrado ministro de relaciones exteriores en 1996, organizó el establecimiento de la diplomacia estonia, totalmente enfocada en la adhesión a la Unión Europea y la OTAN. Luego elegido eurodiputado, se convirtió en presidente de Estonia del 9 de octubre de 2006 al 10 de octubre de 2016.

Estados Unidos también colocó en la presidencia de Lituania dos veces (de febrero de 1998 a febrero de 2003, luego de julio de 2004 a julio de 2009) a su ex-funcionario Valdas Adamkus. Nacido en Lituania, Adamkus sirvió en la Wehrmacht en 1944, la siguió en su retiro en Alemania, emigró a los Estados Unidos en 1949, sirvió en los servicios de inteligencia del ejército estadounidense, se afilió al Partido Republicano y fue designado por Reagan en 1981 para un cargo en la administración federal, que ocupó hasta su retiro en 1997. Inmediatamente partió hacia su antiguo país, del que, aunque hasta entonces era desconocido, se convirtió en presidente a la velocidad del rayo… lo que dice mucho de las virtudes persuasivas de los asesores estadounidenses. Valdas Adamkus fue presidente de Lituania del 26 de febrero de 1998 al 26 de febrero de 2003 y del 12 de julio de 2004 al 12 de julio de 2009.

Un poco más tarde Washington situó en Pristina, al frente de la supuestamente independiente República de Kosovo, a su confidente, Atifete Jahjaga, una mujer policía de treinta y tantos años educada en Estados Unidos. Atifete Jahjaga fue presidente de Kosovo del 7 de abril de 2011 al 7 de abril de 2016.

Ahora bien, Ucrania se convirtió en un problema entre Rusia y Estados Unidos a través de la Unión Europea. Yanukóvich se había comprometido a firmar un acuerdo de asociación con la Unión Europea que le prometía un préstamo de 610 millones de dólares a cambio de drásticas medidas económicas y sociales de las que se haría cargo el FMI (duplicación del precio del gas, reducción y luego supresión de las asignaciones del gobierno en las minas de Donbass, etc.). Yanukóvich temía una explosión social y cuando Putin le ofreció un préstamo de 15 mil millones de dólares sin estas exigencias, aprovechó la oportunidad. Sus adversarios, conscientes de su descrédito en la población y apoyados abiertamente por la Unión Europea y Occidente, aprovecharon la oportunidad: organizaron la ocupación de la Plaza de la Independencia, donde políticos estadounidenses y europeos llegaron a arengar a la multitud, enmarcados por los neonazis de Svoboda (Свобода: Libertad) y Pravy Sektor (Правий сектор: Sector Derecho), que formaron la fuerza de choque de la llamada “revolución” de Maidan y eliminaron a los activistas sindicales. El gobierno de Yanukóvich, sin ningún apoyo en la población, se derrumbó en pocos días. Los neonazis entraron en el primer gobierno «revolucionario». Demasiado conspicuos, especialmente después de la masacre de prorrusos en Odessa, en la casa de los sindicatos incendiada por ellos, fueron excluidos del gobierno formado por Petro Poroshenko después de las elecciones presidenciales del 25 de mayo de 2014.

Muchos políticos estadounidenses, incluido John Mac Cain, se manifestaron en Maidan entre diciembre de 2013 y enero-febrero de 2014. Según la subsecretaria de Estado de los Estados Unidos, Victoria Nuland, los estadounidenses han gastado 5.000 millones de dólares para «democratizar» Ucrania, es decir para comprar los secuaces necesarios para afianzarla en la Unión Europea. Foreign Affairs dice: “Estados Unidos y sus aliados europeos comparten la mayor parte de la responsabilidad de la crisis. La raíz del problema es la ampliación de la OTAN, el elemento central de una estrategia más amplia para sacar a Ucrania de la órbita de Rusia e integrarla en Occidente.” (John J. Mearsheimer, «Why the Ukraine Crisis Is the West’s Fault: The Liberal Delusions That Provoked PutinForeign Affairs, Vol. 93, No. 5, September-October 2014, pp. 77-84, 85-89.)

Como penúltimo acto de esta intervención, Poroshenko formó un nuevo gobierno a principios de marzo de 2014 que incluía a un estadounidense, un georgiano y un lituano en puestos clave. Natalie Jaresko, una estadounidense de origen ucraniano que trabajó para el Departamento de Estado estadounidense y para un fondo de inversión ucraniano financiado por el Congreso de los Estados Unidos, se convirtió en ministra de finanzas. El lituano Aivaras Abromavičius, codirector de un fondo de inversión sueco, se convirtió en ministro de economía, y el georgiano Alexander Kvitashvili, ex-ministro de sanidad de Georgia, en ministro de sanidad de Ucrania. Poroshenko dijo que les otorgó la ciudadanía ucraniana la mañana de su nombramiento. Le había ofrecido a Mijeil Saakashvili, el ex-presidente de Georgia instalado por Estados Unidos en este cargo en 2003, el cargo de viceprimer ministro, pero Saakashvili tenía que adoptar la nacionalidad ucraniana, por lo que se negó, reservándose para misiones más beneficiosas.

Este gobierno tenía una misión encomendada por el FMI: triplicar el precio del gas, rebajar un 15% determinadas pensiones, etc., todas ellas “medidas muy mal recibidas”, según el primer ministro Arseniy Yatsenyuk. A principios de marzo de 2014, el gobierno de Poroshenko anunció que la mitad de las empresas que quedaban en manos del estado podrían venderse durante 2015-2016, es decir, de 1200 a 1500 empresas. El ministro de finanzas, ex-funcionaria del Departamento de Estado estadounidense, Natalie Jaresko declaró: “Vamos a privatizar todo lo que se pueda privatizar. Planeamos empezar este año. Sin embargo, el Instituto de Economía y Previsión ucraniano (Інститут економіки та прогнозування) destacó en su informe anual “un deterioro de los indicadores financieros en las empresas privatizadas. Bajo el pretexto de la privatización, estas empresas simplemente han sido saqueadas y el capital se ha fugado”, explicaba, temiendo que “algunos oligarcas vayan a la guerra por las empresas restantes”. (Courrier-International 26/03-01/04/2015).

La clase obrera ucraniana está sujeta a una feroz sobreexplotación por parte de la capa burguesa dominante descendiente de la burocracia. En 2021, el salario mínimo en Ucrania apenas superaba los 200 euros y en algunas regiones estaba por debajo, de ahí que se haya desarrollado una ola migratoria masiva que empujó a los trabajadores ucranianos a emigrar masivamente, por toda Europa, desde Polonia a España. En 2020, una cuarta parte de los tres millones de permisos de residencia otorgados por la Unión Europea fueron otorgados a ucranianos. A esto hay que sumar la emigración ilegal organizada por agencias especializadas en la oferta de mano de obra barata. Así, las mujeres ucranianas son muy apreciadas (y muy mal pagadas) en Alemania como trabajadoras.

En 2019, el rechazo masivo a la capa mafiosa de saqueadores en el poder y su representante Poroshenko resultó en la elección del actor Volodymyr Zelenskyy como presidente de Ucrania con el 73,2% de los votos. Pero no existe una fuerza política independiente en Ucrania capaz de organizar la defensa de los explotados y esta elección no ha cambiado mucho.

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