Mitin del Partido Socialista Obrero (Gracia, 6/6/1886)

Publicado en El Socialista n° 15, Madrid, 18 de junio de 1886, pp. 3.4.

Gracia.—El 6 del corriente nuestros correligionarios han celebrado un meeting en el teatro Principal de esta villa, al objeto de exponer las doctrinas del Partido Socialista Obrero y recomendar a los trabajadores la separación completa de los partidos burgueses.

Presidió la sesión el compañero Argemi.

El compañero Pujol, que fue el primero que hizo uso de la palabra, sostuvo la necesidad de formar el Partido Obrero, afirmando que todos los demás que se conocen son partidos burgueses, cuyo fin no es otro que la explotación del hombre por el hombre, o sea la conservación de odiosos privilegios que impiden la emancipación del asalariado.

Dijo que el fabricante, contratista o capitalista no piensa más que en obtener crecidos beneficios, en enriquecerse pronto, importándoles poco que el aumento de su riqueza deje en la miseria al que trabaja. Citó al efecto el exceso relativo de producción que engendran las crisis económicas, de las cuales el obrero es la víctima principal, encontrándose que después de haber producido mucho se halla falto de recursos para poder consumir.

Afirmó que el Partido Obrero era político, aunque su política estaba en pugna con la de los partidos burgueses; que en él debían ingresar los trabajadores si querían defender sus intereses, y que nada cabía esperar de los otros partidos, desde el más retrógrado hasta el federal, por defender todos ellos los fundamentos del orden burgués.

Terminó con una calurosa excitación a los convocados para que cooperasen con todas sus fuerzas a la obra de la emancipación del cuarto estado.

El compañero Fornells dijo que para que el obrero defienda como debe los intereses de su clase, hay que hacérselos conocer bien, impidiendo así que los partidos burgueses le engañen. Manifestó que aunque hoy se gozaba más libertad que en otros tiempos, podían disfrutar muy poco de ella los esclavos del taller. «Los que son libres en todo tiempo—dijo—son los que tienen dinero.»

A Fornells sucedió el compañero Matons, que afirmó que los Gobiernos de todos los países eran burgueses y ninguno hacía nada favorable a los intereses obreros. Para demostrarlo hizo una breve reseña de lo ocurrido últimamente en Francia, Inglaterra, Bélgica y Estados Unidos, donde los proletarios habían realizado manifestaciones que probaban la indiferencia de los gobernantes ante la crisis de trabajo. Concluyó diciendo que los obreros debían prepararse para cuando llegara el caso llevar a los Municipios representantes propios que obtuviesen algunas ventajas para los trabajadores, como había sucedido en Francia, donde algunos Municipios habían auxiliado a los huelguistas de Decazeville.

Usó después de la palabra el compañero Reoyo, quien declaró que ante la crítica situación de la clase productora, era necesaria, indispensable, la constitución del Partido Socialista Obrero, cuyo objeto es atender en lo posible las necesidades que sienten hoy los trabajadores y conseguir para lo futuro el término de su esclavitud.

«A todos los partidos burgueses—dijo—hemos de combatir, porque todos, sean las que quieran las diferencias de forma que los separen, están conformes en el fondo que es el mantenimiento del salario, te esclavitud económica de los productores.» Expuso el estado en que se encontraban los obreros norteamericanos e hizo la crítica de la burguesía de aquella República federal, a quien calificó duramente. Dijo también que los federales españoles habían escrito algo en su programa favorable al proletariado, pero que con su conducta estaban demostrando que jamás lo cumplirían, viniendo a ser, por lo tanto, un partido tan burgués como los demás. Puso de relieve la conducta seguida por casi toda la prensa democrática barcelonesa en las luchas entre el capital y el trabajo, favorable siempre al primero, y sostuvo que la clase trabajadora no debe perder el tiempo esperando de sus adversarios beneficios que no le pueden dar, sino organizarse por sí misma dentro del Partido obrero y esperarlo todo—mejoramiento y emancipación—de sus propios esfuerzos.

El compañero Caparó complementó lo expuesto por los anteriores compañeros con un extenso discurso, en que desarrolló las ideas y aspiraciones del Partido Obrero, las causas que le dan vida y la necesidad que hay de que sus propósitos se conviertan en realidades, a fin de que la clase desvalida deje de sufrir los tormentos que le impone el presente orden social. Apoyándose en hechos históricos, demostró que cuando un sistema de producción no responde a las necesidades de una época, precisa cambiarle, sustituirle por otro que las satisfaga debidamente; y que esto es lo que pasa en la actualidad, en que siendo la burguesía incapaz de evitar los efectos perturbadores y mortíferos de su sistema de producción, basado en la propiedad individual, se impone la transformación de ésta en común o social, y por lo tanto el triunfo del proletariado y la abolición de las clases.

Patentizó también la urgencia de que la clase trabajadora se una para enviar a los Cuerpos legislativos y administrativos representantes suyos, que vuelvan por sus intereses, menoscabados y desconocidos por la burguesía, y pidió a todos mucha confianza en los ideales socialistas y tenacidad y constancia para defenderlos.

Todos los discursos de nuestros amigos y correligionarios fueron acogidos por la concurrencia con marcadísimas muestras de aprobación e interrumpidos constantemente por los aplausos.

Después de esta importante jornada, los socialistas de Gracia se han constituido definitivamente, nombrando a seguida el Comité que ha de representar al Partido Obrero en aquella localidad.

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